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Bajo Esquivias Dominguito: Eluno

En memoria de mi padre, Domingo.

Hace un tiempo que miraba de reojo construir una guitarra bajo y ver qué sensaciones me recorrían. Sería y es ya el primer bajo. Sí.

Y deseaba pensarlo bien antes de tirar al blanco con mi lápiz la primera línea de su rostro.

Cuando por fin tuve ya el cuerpo perfilado y la plantilla lista para empezar con… Vaya. Me parece que no. Bien pensado… no. Así, creo que no funcionaría.

Revisé todo otra vez, estudié a fondo e identifiqué y clasifiqué mejor esas diferencias tan imperceptibles, quietas y silenciosas como críticas, descaradas y determinantes. Ésas que tiene una guitarra frente a un bajo y que te penan a cierta ignorancia áspera y plana o te empujan a esa deliciosa satisfacción particular íntima.

Hecho. No hizo falta la definitiva.

No se puede ocultar que tiene algo del estilo vertiginoso del modelo Haba. Pero desarrolla bien mi estilo con intención y aplaca ese inconsciente que a veces me encamina.

Así pues y sin más, vi las preciosas vetas del tablón de aliso que tenía guardado para algo especial y lo elegí para el cuerpo. Tras colocar la plantilla al eje y abrir las curvas a sierra y con la cuchilla, hice aparecer su espléndido cuerpo reluciente dispuesto. Hecho.

¿Y el mástil, querido amigo?

Maravilloso. Era de roble español, era de una un tabla de más de 30 años, estaba seco a rabiar, era un laminado de tres piezas y estaba tintado en verde. Sin embargo, éste no es el mástil que tiene. Y si te inquieta e interesa de veras este punto, házmelo saber y te lo explico encantado.

El mástil que he vuelto a tallar y lleva el bajo es un laminado de tres piezas y chapa interior de unión en arce negro, está requeteseco, es de una tabla de más de tres años, es de precioso arce europeo y pao ferro exótico en el diapasón que también adorna y hermosea su tacón. Un mástil cómodo y suave, de talla fina y delgada, tirando a plana en el centro. Muy rígido, fiable y muy bello en conjunto.

La electrónica aunque funciona con sorpresa, goza de dos excelentes pastillas al más puro estilo clásico del Bajo de Jazz  del señor Leo conectadas cada una a dos potes con la intención de controlarlas. Y un tercer potenciómetro de tipo blender para mezclar la pastilla del puente y del mástil. La posibilidad de sorpresa en los cambios de sonido y tono está asegurada. Se abre un amplio espectro de sonoridades en las que te pide jugar con el volumen pues merece la pena si no te importa la aventura.

Nos espera una acción cómoda porque la altura de cuerdas admite un ajuste suficientemente bajo sin trasteos y conservando un sostenimiento apreciable. Es responsivo, tan convincente si es slap como sutil si se necesita expresividad. Es el primero y, por tanto como me ha hecho sufrir y gozar, seguro que no será el último bajo Esquivias Dominguito.